Sea cual sea el ámbito en el que apliquemos este concepto, tiene el mismo significado. Nuestra naturaleza humana tiende a ocupar el espacio en blanco, vacío, negativo o como prefieras llamarlo. Esto lo hacemos de forma compulsiva con nuestro tiempo y con cada una de las cosas que consideremos faltas de contenido en nuestra vida.

Si hablamos de diseño de interfaces de usuario, mi especialidad, vemos que mucha gente tiende a llenar las interfaces de controles de diferentes formas y tamaños con un objetivo: eliminar el odioso espacio en blanco. No, a la gente no le gusta el espacio en blanco.

Lo que no se da cuenta la gente es que a base de rellanar el espacio en blanco ocultamos la verdadera esencia de lo que quieres hacer: lo importante. Para rellanar dicho espacio en blanco solo tenemos varias opciones: crear contenido innecesario, copiar el que ya estaba o adornar lo que ya existía. No tienes más opciones. El resultado es algo distinto a tu objetivo inicial.

Ahora que estoy metido en el proyecto más grande en el que hasta ahora me he involucrado, se aplica exactamente lo mismo: por ampliar el contenido y quitar esos espacios en vacíos tendemos a rellenar esas franjas horarias con contenido de peor calidad.

Es por ello que yo opto por tener espacios vacíos y tener mayor calidad, esa es la única forma de no generar rechazo y que el lector se divierta más con la lectura del contenido de calidad.

Actualización: Este fenómeno tiene nombre, la expresión latina “horror vacui” lo define así:

La expresión latina horror vacui (literalmente ‘miedo al vacío’) se emplea en la historia del arte, especialmente en crítica de la pintura, para describir el relleno de todo espacio vacío en una obra de arte con algún tipo de diseño o imagen.

Gracias a Ramón Castro por la aportación.